Irreconocible


                                                                    Encuentro nocturno (contrastes)
                                                                          Armando Desigaud


Escuché por ahí que cada 7 años nuestro cuerpo y nuestra mente se regeneran, que casi somos otras personas. Empiezo a sospechar que es cierto. Multipliqué esa etapa por 5 y poco de lo que era soy. 

Sedentaria. No tengo ganas de salir. Nada. Ni un poco. Me mostras una mochila y me tapo los ojos. Se acerca el verano y mi hija diciendo que quiere viajar largo, carretera, cepillarse los dientes en cualquier lado y yo diciéndole noooooooooooooo, esta vez quiero descansar, si vamos a batallarla me quedo en casa a regar mis plantas.

Por las tierras de María Sabina, la búsqueda de un chamán en la sierra mazateca

Fotos: Amadeo Velázquez Texto: Mariel Fatecha


Son las 8 de la mañana en una pequeña terminal en Oaxaca. Hace frío y todos estamos un poco aburridos. Somos seis personas matando el tiempo. Una indígena mazateca llamada Ohem espera con nosotros la combi que debía de partir a las 7 de la mañana y por falta de pasajeros saldrá tres horas más tarde. Nos cuenta que viajó a visitar a su hija pero que ya es hora de regresar a su pueblo, Huautla de Jiménez. Nos pregunta a qué vamos nosotros y le contamos que vamos a buscar la casa de María Sabina y a una curandera que se llama María Julia.

- “Sí. Ella es pariente mía”, asegura. “Vayan a visitarla”.

Obviamente Ohem está habituada a los foráneos y a lo que buscan. La primera vez que ella probó los “niños santos” (como llaman allí a los hongos) contaba con nueve años. “Mi papá decidió realizar una ceremonia porque dejé de comer y estaba muy débil”. Si bien era pequeña, la edad no fue impedimento para que a partir de ese día los consumiera durante cuarenta años más, hasta que los hongos le dijeron que era suficiente. Para una persona de padre y abuelo curanderos mazatecos los “niños santos” son indispensables, claves para la sobrevivencia, la sanación y hasta para conservar el amor.


Ley Natural

No anduve con ganas de escribir, el 2014 iba bien hasta que terminó dándonos unas cuentas bofetadas en el ánimo, justo al cierre. Mucho de frustración, de planes fallidos, un verdadero aborto espontáneo. No terminamos de sonreír por agrandar la familia cuando vino la mala noticia y el mundo giró para adentro.

Entre los médicos que me querían intervenir y la naturaleza que siempre sigue su curso, elegí la naturaleza. Me encomendé a Kuhne, a Kneipp y a sus baños, a mi amiga facilitadora de Psych-K, a un chamán ecuatoriano que me hizo beber té de rosas y a un ayuno de frutas. Me encomendé al amor, que me acompaña en esos momentos inestables, esos que nos hacen tambalear. Y todos ellos me cuidaron y todos ellos me ayudaron.

Migrantes somos todos



Segundo premio del Concurso Internacional La Migración Iberoamericana. Una mirada desde los ojos de los Migrantes (2014). Organizado por el Programa Iber-Rutas auspiciado por la Secretaría General Iberoamericana/Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).


En los últimos 10 años me he mudado a 9 ciudades diferentes. Tan dispares todas: Areguá, Cancún, Buenos Aires, Asunción, Zacatecas, Malinalco, Ciudad de México, Cabañas y Encarnación. A pesar de las mudanzas siempre me sorprendo cuando escucho las amenazas de la gente de renuncia, de cambiar de vida, o esas quejas recurrentes de vender todo e ir lo más lejos posible. Esa movilidad corresponde a nuestra desarmonía. Me costó años aceptarlo. Nadie quiere pasar por desequilibrado o inconforme, por ingenuo, por idealista. En mi caso ya es idealismo puro, del tipo que no se compensa a pesar de las más de tres décadas que porto. Antes me atormentaba más, ahora lo disfruto. Acepté mi naturaleza, no tan diferente a la del vecino de la ciudad que sea, es solo una naturaleza humana, con mucho de sueños.

La historia de las migraciones es de siempre. Corresponde a la esencia misma del hombre, sin distinción de razas ni religión. Es la esperanza que permanece, la fe en un futuro mejor, la alternativa que ofrece el aire nuevo, un aprendizaje, la idea de un trabajo más digno, deseos de libertad política, aceptación o simplemente un poco de aventura, de cambio de rutina. Comprender de manera racional lo que ofrece viajar no siempre ayuda a que la búsqueda sea más o menos llevadera. Las emociones consumen tanta fuerza vital que bien podemos sentirnos desventurados o extremadamente optimistas por más que el cerebro analice distinto.

País susurro

Mi pesimismo no me dejó dormir. Ayer en Paraguay asesinaron a Pablo Medina y a Antonia Almada Chamorro y en México a María del Rosario Fuentes Rubio. Hace diez años a mi esposo, el fotógrafo Amadeo Velázquez lo amenazaron de muerte en el Chaco, tras, a través de Tierra Viva, acudir a un llamado de una comunidad indígena que estaba siendo constantemente atacada y perseguida por unos estancieros, y que en esos días, estaba siendo desalojada con armas de sus viviendas. Lo amenazaron los dueños de las estancias, quienes tras ser alertados por los capataces, llegaron acompañados de un policía y un abogado con el objetivo de arrestarlo por sacar fotografías en una propiedad privada (la tierra estaba en litigio legal. Los indígenas la reclamaban como tierras ancestrales, y hasta que la justicie se pronuncie, no había propietario). Intentaron sacarle la cámara a la fuerza y obligarlo a subir a una avioneta. Si no era por el apoyo de la comunidad, lo hubieran hecho. Para salir del lugar, los líderes trazaron un plan, fue en burro hasta la comunidad más cercana que contaba con radio, por ese medio se pudo pedir un rescate hasta Pozo Colorado, y de allí a Asunción.

Regresó a casa enfermo, con vómitos y diarreas. Esos días en la comunidad tuvo que tomar agua de los tajamares, al igual que todos los indígenas desplazados. Ni bien mejoró realizó la denuncia junto al Sindicato de Periodistas. Bueno, como decía, pasaron diez años de eso y obviamente nunca pasó nada. Sin el apoyo de la comunidad tranquilamente podía haber desaparecido, total nadie se iba a enterar. ¿Quién llega a esas tierras? Y por otro lado, ¿a quién realmente le importa si pasa algo? Cuando pasan esas cosas uno también ve la hipocresía.

10 soluciones contra el estreñimiento

Estreñimiento es una palabra que suena espantosa. Solo pronunciar la ñi hace que subamos la nariz y presionemos los dientes, manifestando con el gesto que está todo mal. Sin embargo, a pesar de lo fea que se oye, la decimos y escuchamos todo el tiempo. En definitiva, el estreñimiento es la gran enfermedad contemporánea. La alimentación actual, rica en carbohidratos refinados, sumada a las largas horas de sedentarismo, potenciaron la venta de laxantes en los últimos años. Aunque ahora muchos estén pendientes del ébola, en este mismo presente están enfermos de estreñimiento.

Hace años que no tengo reparos en hablar sobre la importancia de la eliminación. Al fin y al cabo, la evacuación es un punto en común que tenemos absolutamente todos los seres humanos, todos necesitamos defecar, y aún así, a muchos les suena fuerte la palabra, cuando la que suena y hace peor es la que ya dijimos: ESTREÑIMIENTO.

Dejá correr al río

El Río Paraná tiene una superficie de 2570 km pero solo 2550 metros de agua separan las ciudades de Encarnación, Paraguay, y Posadas, Argentina. Cuando M estaba trotando por la costanera del lado paraguayo y vio las luces del país vecino, no pudo evitar recostarse en la baranda y estirar los brazos. Parecían tan cercanas que creyó que con tres brazadas podría llegar al otro lado. La noche estaba abierta y recordó al señor G.

Treinta y cinco años atrás, el doctor G estaba pescando con su hijo y se detuvo a ver lo cerca que estaba de su país, tan cerca que parecía que con tres brazadas lo podía acariciar pero tan lejos que era imposible. El río le despertaba su nostalgia de exiliado. Tras días difíciles y noches de insomnio, la brisa paranaense lo puso desafiante y quiso ver si los vientos le traían olor a patria. Se acercó al punto de ser visible sin salir del límite argentino. Le salió caro. Pensó en tirarse al río pero viajaba con el pequeño R. Militares remolcaron su embarcación hasta Encarnación y él pudo volver a pisar su tierra en circunstancias no gratas.