Irreconocible


                                                                    Encuentro nocturno (contrastes)
                                                                          Armando Desigaud


Escuché por ahí que cada 7 años nuestro cuerpo y nuestra mente se regeneran, que casi somos otras personas. Empiezo a sospechar que es cierto. Multipliqué esa etapa por 5 y poco de lo que era soy. 

Sedentaria. No tengo ganas de salir. Nada. Ni un poco. Me mostras una mochila y me tapo los ojos. Se acerca el verano y mi hija diciendo que quiere viajar largo, carretera, cepillarse los dientes en cualquier lado y yo diciéndole noooooooooooooo, esta vez quiero descansar, si vamos a batallarla me quedo en casa a regar mis plantas.



Plantas, recuerdo a mi abuela siempre con sus flores, las más lindas. Ella, otra flor en medio del color. Pero yo no podía desarrollar gran empatía por el mundo vegetal. Un “que lindo” por compromiso y nada más. No admiraba la belleza, no entendía su mirada. Sus libros que dejó, mayoría sobre plantas. 

Libros, me encantaba leer, comprar libros, coleccionarlos. Hace rato dejé de leer literatura. Fusílenme. Que leo manuales, leer leo pero literatura no. No sé que paso con esa niña que quería ser escritora. Jamás hubiera imaginado que de grande la curiosidad me llevaría para otros lados, que los libros ya no los colecciono. Por el contrario, regalamos nuestra biblioteca. Solo se salvaron Paul Auster y Roberto Arlt porque no, no pude dejarlos ir.

Dejar ir. Hace poco me enteré que murió un amigo pintor mexicano. Me enteré tarde y lo sentí hondo.  Aquí tengo un cuadro suyo con un vibrante cielo naranja. Lo contemplamos en él y no lo dejamos ir. El siempre pintó, siempre lo supo. Supongo que hizo ya lo que tenía que hacer y se fue. Y nos queda a nosotros un mago en una corteza, nos queda a nosotros un cielo vibrante e infinito.

Me encuentro saboreando lo perfecto,
silencioso como el volar de esa ave
y estruendoso como el paso del tiempo.

Pinturas. Jorge Von Horoch. Recordé una entrevista en Encarnación donde fuimos a trabajar en familia. Mi niña pequeña contemplando sus cuadros y él nos dijo que de eso se trataba. La madre y los hijos juntos, sea en en la cosecha de algodón, sea ahí, en ese momento. Él admiraba a las mujeres y las retrataba con nobleza. Hombre sabio él y mujer sabia Olga Ladán, otra artista plástica, que de tan apasionada su alma transmitía y a mí me llegó la fe, que se puede, que no importa el tiempo, que la vida con pasión, que vivimos para aprender y enseñar. En mis recuerdos de vivir en Encarnación están ellos dos. Me quedaron grabados. La mirada fija vital, el saber que uno está en su propio camino, su Tao.

Tao. Unas vueltas y terminar haciendo respiración ovárica, adentrarme. Mi Tao floreció y él llegó al mundo. Cuando fue su tiempo. Bienvenido Lucas Tao.

Tiempo. Contemplo las maceraciones y sé que hay que esperar. No sirve adelantarse y echarlo a perder todo. El tiempo permite que los solventes extraigan las propiedades que nos hacen bien, que nos curan, que nos transmiten. Las maceraciones me hacen dar cuenta como yo misma voy macerando. Y me encanta. Tantos años de pedir propósitos al cielo y ahora tan a gusto conmigo que no cambio el tiempo por nada.

Nada. Hace dos años me comprometí a no esperar nada, a sacarme las metas porque me llenaban de frustraciones y eso es horrible, es olor a podredumbre, a cabeza gacha y puños cerrados. Y yo no quiero eso para mí. Dejé de esperar y la vida me dio mucho, mucho más. Seguí nomás el caminito sin resistencia. Un dolor me llevó a la entrega y me dio una lección. Aprendí a soltar y mi vida se llenó de bendiciones, de aprendizajes nuevos. Era una periodista frustrada y ahora soy una aprendiz feliz de la vida, de la naturaleza. Un dolor me abrió los ojos y me hizo observar lo que tengo alrededor, y ver lo que tengo me llenó de satisfacción. Acá en casa, sin necesidad por primera vez de irme a otro lado.

Casa. Mi familia quiere sacarme de casa. No saben que pasó con mi espíritu mochilero. No tengo idea. Una tarde me pasé con mi bebe a upa contemplando el balcón y fue un momento pleno. Quizás aquel espíritu regrese más adelante. O quizás no.

Nunca pensé que esto pasaría.

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