Por las tierras de María Sabina, la búsqueda de un chamán en la sierra mazateca

Fotos: Amadeo Velázquez Texto: Mariel Fatecha


Son las 8 de la mañana en una pequeña terminal en Oaxaca. Hace frío y todos estamos un poco aburridos. Somos seis personas matando el tiempo. Una indígena mazateca llamada Ohem espera con nosotros la combi que debía de partir a las 7 de la mañana y por falta de pasajeros saldrá tres horas más tarde. Nos cuenta que viajó a visitar a su hija pero que ya es hora de regresar a su pueblo, Huautla de Jiménez. Nos pregunta a qué vamos nosotros y le contamos que vamos a buscar la casa de María Sabina y a una curandera que se llama María Julia.

- “Sí. Ella es pariente mía”, asegura. “Vayan a visitarla”.

Obviamente Ohem está habituada a los foráneos y a lo que buscan. La primera vez que ella probó los “niños santos” (como llaman allí a los hongos) contaba con nueve años. “Mi papá decidió realizar una ceremonia porque dejé de comer y estaba muy débil”. Si bien era pequeña, la edad no fue impedimento para que a partir de ese día los consumiera durante cuarenta años más, hasta que los hongos le dijeron que era suficiente. Para una persona de padre y abuelo curanderos mazatecos los “niños santos” son indispensables, claves para la sobrevivencia, la sanación y hasta para conservar el amor.


“A mi esposo lo sanó un curandero, le tiró el maíz y adivinó lo que pasó. Estaba muy malo, muy flaco, iba a morir. Consumió hongos y yuyos y ahora está muy bien”, señala. Dice que fue un susto. Ohem llegó a la casa y sorprendió a su marido con otra mujer. De la rabia golpeó a ambos. A partir de ese día el hombre no volvió a comer. Él aseguraba que le habían hecho un embrujo y aquel hombre le devolvió la paz y la salud.


En la terminal, aparte de Ohem y su esposo, que permanece callado y sentado en los bancos de enfrente, está sentado un hombre evidentemente forastero. Mochila de viajes, sandalias y pantalones artesanales. Le preguntamos de donde es y nos cuenta que de Barcelona y que va camino a la sierra a realizar una ceremonia con hongos con una chamana que le habían recomendado en Catemaco. Carlos Teruel no es un novato en el tema. Ya en Barcelona realizaba su propia cosecha, pero ahora estaba en una búsqueda que esperaba alcanzar con la guía de los chamanes.

María Sabina ya no vive pero al fin y al cabo ella es una representante de la cultura mazateca. Los párrocos, los maestros, los vendedores de Huautla trabajan con los hongos porque sus padres y abuelos lo hacían. El niño santo es el camino al hombre de la montaña sagrada, al dios. Y si bien se necesita un chaman de alma pura, todos los habitantes nativos de allí crecieron en medio de los ritos, recogieron 'niños santos' en su infancia y vieron lo inesperado. Todos tienen alma de chamanes.

La sierra mazateca se encuentra a siete horas de la ciudad de Oaxaca. Siete horas duras, con interminables curvas, mal estómago y carretera ruda. Tratábamos de dormir pero el mareo y las náuseas impedían un descanso digno. Llegar fue un alivio.

Allí, Ohem nos indicó el lugar de la casa de Julia, que quedaba a la vuelta del hotel donde nos íbamos a hospedar. Llegamos a esa chamana por consejo de unas personas que conocimos de Oaxaca, esas personas también nos recomendaron consumir hongos recogidos por niños, portadores de un corazón más puro. Fuimos a visitarla y nos atendió el hijo. Catorce rusos estaban en la sala, en espera de ser atendidos. El joven nos habló sobre la ceremonia y nos explicó de los beneficios de los hongos y los poderes de su abuela, quien fue seleccionada por la ONU para ser una de las integrantes del Concilio Internacional de las Trece Abuelas Indígenas. Había mucha gente esperando realizar la sesión con ella y por otro lado, no se permitía ningún tipo de fotografía. Decidimos seguir buscando.


Optamos por visitar la casa de María Sabina, ubicada en el cerro El Fortín. Un taxi nos acercó a un Centro de Salud. Desde allí solamente se podía ascender a pie. Un niño que iba caminando nos guió. “Él es uno de los nietos”, nos dijo señalando a un hombre y se fue. Saludamos a Filogonio García Márquez, quien nos hizo pasar a su casa. Amistosamente nos dio unas sillas en el lugar donde se realizaban las sesiones y que anteriormente era el hogar de María Sabina. El sitio eran dos piezas, una donde se ubicaba el altar con fotografías de su famosa abuela y velas, y otra donde había una cama. Filogonio nos habló de los hongos, aseguró que personas se curaron de cáncer y superaron el sida con él. Recordó a su abuela y como desde niños aprendieron sobre las ceremonias por el hecho de convivir con ella. Señaló que muchos dicen ser nietos de María Sabina pero que solo tres hermanos lo son, que hay muchos estafadores en la zona. Hablamos de la ceremonia y nos comentó que si queríamos tener la sesión había que encargar los hongos porque él no los tenía y que por no ser verano, estación cuando se consigue el hongo más potente llamado Derrumbe, iba a poder conseguir el San Isidro. Le agradecimos y le dijimos que lo íbamos a pensar. Esa noche llamamos a Carlos, quien nos invitó a conocer a su chamana. Optamos por ir.


Inés Cortés Rodríguez, vive con su marido y una joven que la ayuda con las tareas cotidianas. Acaba de lavar la ropa y se sienta en el sillón para descansar y de paso conversar un rato. Su vida, sacando las ceremonias, es relativamente parecida a la de las demás personas del pueblo. Hace las tareas de la casa, y borda y cose vestimentas típicas que después vende a los turistas. Inés aprendió los rituales de tanto contemplarlos “yo a los cinco años ya sabía lo que era una ceremonia porque mis papás me llevaban a las suyas”, aunque aclara que recién a los 9 probó los hongos por primera vez.


Como Ohem, recuerda la eterna humildad de María Sabina, su pobreza, y hasta quienes la estafaron. Solía visitarla cuando era pequeña junto a sus familiares y en varias ocasiones se encontró con el famoso doctor Salvador Roquet que siempre llegaba a ver a la famosa chamana con “personajes que venían de Europa”. También recuerda a John Lennon. “Lo conocí porque en el 68 trabajaba en el hotel Rosaura, el único en Huautla. Cuando Lennon llegó, la abuelita Rosaura nos dijo que nos pusiéramos a barrer. Llegó acompañado de un amigo y al parecer, se conectó muy bien con María Sabina”.


Inés es parte del sincretismo en Huautla. Devota católica, asegura que la iglesia permite las curaciones con hongos y que inclusive muchos curas locales lo consumen y se han curado con ellos. Sin embargo, cree en la existencia de varios dioses que conviven con nosotros. “Así como existen muchos santos, señala, hay muchos dioses en los lugares sagrados. Cuando tenía 17 años casi muero porque fui encantada en un río cercano. Allí no debía estar, no le gustaba al lugar que alguien lo molestara, por eso fui encantada y me estaba ahogando cuando me sacaron unos extranjeros”. Después de esa experiencia se enfermó, y sintió que la muerte estaba cerca. “Entonces mis papás me hicieron ceremonias y me vi en el río con la mano hacia arriba y la mitad del cuerpo en el agua, sentí durante la ceremonia que iba a morir. Eso ya era muerte”.

“Al día siguiente me sentí bien y mis padres me dijeron que vaya a pagar. Llevé cacao, la pluma roja del guacamayo y el huevo del guajolote (pavo) al río. Hay lugares sagrados donde uno no puede meterse, son lugares limpios donde hay vida, son como el pozo. Nuestros antepasados durante sus ceremonias veían cosas, entonces nos decían: a las 7 de la mañana no vayas a traer agua del pozo porque el güero esta desayunando, si está comiendo, no lo interrumpas”. …


El altar de María Inés es peculiar. Interminables fotografías de la virgen, de arcángeles, de Jesús. Hay veladoras y dos camas. Las paredes son de ladrillo sin revoque y el cuarto no tiene ventanas. Acordamos entre todos realizar la ceremonia a la noche. Para ello hay ciertas condicionantes que se deben respetar: los cuatro días previos y los cuatro días posteriores está prohibido tener relaciones sexuales y realizar cualquier tipo de caridad. El día del ritual no se debe comer, al menos que sean frutas, con el fin de evitar un desgarrador mal de estómago. “La abstinencia hay que respetarla sino uno se puede volver loco. Es algo sagrado.”, nos había dicho Inés.

Faltaban horas aún para el ritual y decidimos salir a pasear. Observamos como Huautla crece gracias a los hongos. Todos los que pisan Huautla de Jiménez saben quien fue María Sabina. Sea niño, anciano, hombre o mujer, su vida está impregnada en cada pared, en cada nacimiento en esa sierra condenada a vivir un poco de ella. Aquella mujer permanece viva en todo México, pero para los mazatecos el significado es mayor.

Murales con su cara, servilleteros con forma de hongos, parada de taxis con su nombre, la gran chamana los mantiene vivos haciendo fluir su economía: están las familias que venden hongos, las que realizan ceremonias, personas que hospedan, trasladan y alimentan a los buscadores de sanaciones o alucinaciones. Huautla es una ciudad que ha sabido mantenerse con el ritual, que lo ha compartido para tristeza de muchos, entre ellos de la propia María Sabina que veía decantada como se estaban quedando, dado el indiscriminado consumo, sin “niños santos”. A diferencia de años atrás, es difícil salir a recolectar los hongos por uno mismo.

“Sufrimos por mucho porque no teníamos nada, sólo hambre, sólo frío. Creo que nuestra voluntad por vivir era grande, más grande que la voluntad de vivir de muchos hombres”, recordaba María Sabina en un documental sobre las razones que la llevaron a su hermana y a ella a comer hongos. Hoy, los mismos chamanes los compran y cada vez hay menos.

Al regresar a la casa ya estaban los niños santos sobre la mesa. Amadeo y yo consumimos catorce cada uno, y Carlos, más experimentado, 16. María Inés prendió velas, inciensos, e inició la ceremonia con rezos en los cuales nos bendijo nombrándonos incesantemente. Con hojas de saúco nos realizó una limpia y nos dejó solos un momento. Nos sentamos cómodamente. Al poco tiempo sentí un peso anormal en el cuerpo y opté por acostarme. Gracias al ayuno no tuve mal de estómago pero sí frío, pesadez y la mente difusa a pesar de los intentos de concentrarme. Tuve que cerrarlos y vino una sensación de hundimiento. Cuando me estaba perdiendo, apareció María Inés con sus cánticos sagrados. Pasó lo mismo a lo largo de tres horas. Cuando la mente se iba ella reaparecía rezando y cantando, recordándome que el fin era controlar el viaje hacia una sanación y no la mera alucinación. Del frío empecé a sentir calor, me saqué la campera y comencé a sudar. El cuerpo seguía lento y pesado, tenso. Apretaba los dientes, sentía que el suelo me tragaba. Miré alrededor y ví a Carlos y a Amadeo recostados, todos inmóviles. En algún momento me quedé dormida.

---

“Sentí que la tierra me estaba transmitiendo su energía”, me asegura Carlos al día siguiente. Interesado desde hace muchos años en el chamanismo y cansado de experimentar con las drogas por fines lúdicos, optó por acercarse a Inés buscando la sanación interna a través de las plantas sagradas. “Ahora, aparte de seguir experimentando, el objetivo es una sanación espiritual que me lleve a conocerme más, a quererme. Voy buscando cambiar la no aceptación que tengo, por el conocimiento de mi parte oscura y crecer como ser humano”, recalca.

Le pregunto a Doña Inés, sobre el peso en la espalda que sentimos todos. Nos dice que por eso nos realizó una limpia: “Esa carga puede ser un daño o malas energías. Y el calor que sintieron después, significa la sanación, la expulsión del mal por el sudor”. “El cuerpo trae mucha humedad y el frío te enseña donde está la enfermedad. El calor ya es la curación, saca las toxinas. Cuando sana el cuerpo vuelve la temperatura normal. Así es el trabajo de los ´niños santos´. Ahora deberían llevar la ofrenda”.

Cerca, muy cerca de la casa de María Sabina, se encuentra el Cerro de Adoración, lugar donde los indígenas mazatecas meditan, agradecen y llevan ofrendas como velas y semillas de cacao. Allí nos envió Inés a que quememos copal y meditemos sobre nuestros deseos. El lugar, que sólo se adivina por la presencia de una cruz de hierro, tiene muchos árboles donde los creyentes se pueden sentar a orar, a pedir, a conectarse con el Dios.

“Aquí nuestros cerros son sagrados. El Cerro de Adoración es un lugar para conectarse con el güero, quien es el dueño del lugar. Él tiene muchos terrenos, autos, casas, animales, tiene lo que ustedes pidan, ya sea trabajo o lo que deseen. Él es como un dios, él te da. Es muy sagrado.”, nos había advertido Inés. 
….

“En las veladas podemos ver lo hermoso que es el hombre sagrado de las montañas, el dueño y sembrador de milpas”, había dicho María Sabina. La fe en este Dios, propietario de lo que anhelamos, hace la diferencia, sin duda alguna, en la calidad de la sesión. “El ´niño santo´ ayuda no sólo a sanar, sino en el estudio, en el trabajo, a concretar lo que uno desea”, asegura Inés. “Por ello es tan importante durante la ceremonia orar y meditar en lo que se quiere. Pedir. Yo sola no puedo rezar por ustedes, ustedes deben hacerlo también”.

Carlos, quien durante casi tres años experimentó con hongos por su cuenta, reitera la importancia del chaman en el consumo, es el guía en la alucinación. La alucinación puede descontrolarse. En los sesenta, el ejército llegó al poblado de la sierra mazateca, muchos lo recuerdan.

“Cuando estaban los hippies”, recuerda Inés. Los buscadores de los sesenta marcaron un capítulo en la historia de Huautla. Cuentan que llegaban a montones por la ansiedad de tener una experiencia con hongos y que que muchos terminaron sufriendo accidentes.

“En la época de María Sabina tuvo que intervenir el Ejército porque mucha gente se estaba volviendo loca. Iban sin chamán. Ellos nomás a puro fuego, venían a tomar los ‘niños santos’, hasta que se cerró un tiempecito Huautla. A nadie le gustó que vinieran a jugar con la medicina”. Y para que quede bien claro, Inés recalca: “Esta es una medicina sagrada. Los ‘niños santos’ te hacen despertar”.

Publicado en la Revista Cáñamo de Chile (2012).

3 comentarios :

  1. hola gracias por compartir tu post, me ayudarias a contactar a un buen shaman? me voy a ir el martes a huautla. gracias

    ResponderEliminar
  2. Espérate tu respuesta mañana salgo para mexico gracias

    ResponderEliminar
  3. Hola qué tal! Recuerdan cuál era la dirección de Doña Inés? Yo fui con ella hace 3 años, quiero regresar a principios de enero, pero los teléfonos que tengo de ella ya no son y estoy intentando localizarla, ustedes tienen forma de contactarla q puedan darme un tel? Por favooooooooor!!!!

    ResponderEliminar